sábado, 20 de noviembre de 2010

¿Amar u odiar al paciente?

Cuando entré a estudiar Psicología inventé una broma que solía decir cuando me preguntaban por la carrera: "Desde que entré a esta carrera me siento como Dios. No porque me sienta omnipotente, sino que siento que debo amar a todo el mundo sin importar cómo sean". Carl Rogers en su etapa más posterior consideraba que la psicoterapia debía alcanzar una relación de verdadero "amor cálido" por el paciente.

Ambas cosas le parecerán burdas a la mayoría de la gente. Sin embargo algo de cierto hay. En clínica deberemos acoger a los sujetos más bizarros y a menudo, estimo, deberán presentarse aquellos cuyo problema se les hace evidente en tanto reciben abundante rechazo. Entonces pienso que no debemos rechazar nosotros también a éstas personas, sino que hay que darles cabida en la consulta para solucionar el problema. Por eso pienso que no es mala idea la de "amar a todo el mundo".

Por otra parte he notado que cuanto más amo a una persona, más difícil me resulta conocer la verdad sobre ella. En cambio cuanto más odio a una persona, en mayor medida proliferan las teorías sobre su personalidad. Sin embargo también he notado que cuando decido hacerle saber a una persona mi disgusto hacia ella, no logro realizar un ataque verbal, sino que comienzo a darle consejos (recibí el comentario "el odio es un sentimiento de destrucción del otro", pero creo que aún se entiende la idea).

Entonces pareciera que la idea es odiar (o tener rabia, si sequiere hacer referencia a la crítica anterior) al paciente pero tratarlo con cariño de todas formas.

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